Un hombre ciego acostumbraba todos los días a pedir limosna en la entrada de un centro comercial. Curiosamente a su lado tenía una lámpara de aceite que encendía cuando caía la tarde. [caption id="attachment_1981" align="aligncenter" width="448" caption="Amistad de niños, así deberíamos serlo."] [/caption] Al preguntarle por qué encendía aquella lámpara si él no podía ver, respondió de inmediato: “Enciendo la lámpara no para mí, sino para que la gente me pueda ver”. De seguro nosotros no estamos ciegos ni sordos al llamado de Dios. El Señor ha quitado la venda de nuestros ojos y las ataduras de nuestros pies y manos de la misma forma que las removió en la vida de Lázaro cuando lo sacó de la tumba. Tenemos que tener nuestra lámpara encendida para que la gente pueda ver en quién hemos creído. Es necesario que la gente vea que nos amamos unos a otros. Que nos procuramos, no para atacar y juzgar con preceptos religiosos que solo ahogan el espíritu ...
Reflexiones Cristianas Para Meditar en Cristo Jesús. Publicamos cada día una Reflexión Cristiana del Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo.