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De Abuelos y Nietos

“Los nietos son la corona de gloria de los ancianos; los padres son el orgullo de sus hijos.” Proverbios 17:6 NTV


Mi nieta Victoria nació el lunes 18 de Julio y me convirtió en abuelo primerizo. Toda mi gratitud para nuestro maravilloso Señor por ello.


El texto inicial de Proverbios me resultó entonces completamente verdadero.

Cuando la trajeron de la sala a la habitación del sanatorio me pareció tan pequeña y tan hermosa que provocó en mí una explosión de gozo, e hizo llorar a mi esposa.


¡Cuántas emociones, cuanta felicidad!

Su nueva, indefensa e inocente existencia, es sin dudas para sus abuelos una “corona de gloria”.

¡Qué maravillas es capaz de obrar un bebé!

Nada concita tanto la atención como una madre con su bebito en brazos.

Las expresiones de ternura y simpatía brotan espontáneamente, incluso de perfectos desconocidos. El simple gozo de ver a un recién nacido es contagioso y dibuja una sonrisa en cualquiera, por más endurecido que esté.

Pero un niño trae consigo no solamente alegría.

Su indefensión requiere infinito cuidado, su dependencia exige atención permanente. Cada niño viene con una carga de obligaciones para sus padres y para la sociedad toda, que han sido reconocidas universalmente en la “Declaración de los derechos del Niño”.

En un mundo de pecado como el nuestro, cada recién nacido tiene por encima de todo el derecho a que sus padres y abuelos contribuyan a prepararlo para la eternidad.

Es una responsabilidad de los padres cristianos educar a sus hijos; colaborando con Dios para formar en ellos un carácter digno del cielo.

¿Qué nos toca a los abuelos?

Los que hemos educado a nuestros hijos en la fe, debemos también colaborar con sus padres mediante nuestros actos y nuestra influencia en el desarrollo de su carácter.

Se dice en forma jocosa que “los padres están para criar a los hijos y los abuelos para malcriarlos”; pero este no es el ideal de Dios.

La primera línea de defensa de los infantes son sus padres. A ellos compete educarlos; pero a los demás nos toca colaborar con sus esfuerzos debidamente orientados.

Me resultó muy útil y aleccionadora esta cita en cuanto a malcriar nietos:

“Muchos hijos han sido completamente arruinados debido a la interferencia de parientes o amigos en el gobierno de su hogar. Las madres nunca debieran permitir que sus hermanas o madres interfieran en el debido manejo de sus hijos. Aunque la madre haya recibido la mejor educación posible de su madre, sin embargo, en nueve casos de diez, como abuela echará a perder a los hijos de su hija al complacerlos y alabarlos con poco juicio. Se pueden desbaratar todos los esfuerzos de la madre mediante esa conducta. Como regla, es proverbial que los abuelos no estén capacitados para educar a sus nietos. Los hombres y mujeres debieran tributar todo el debido respeto a sus padres; pero en lo que atañe a la educación de sus propios hijos, no debieran permitir ninguna interferencia sino mantener en sus manos las riendas del gobierno” (Pacific Health Journal, enero de 1890).

Por otra parte, la Biblia registra la historia de Timoteo, quien a falta de un padre cristiano fue educado por su madre y por su abuela.

¿Qué le transmitieron ambas?

El registro inspirado dice: “Me acuerdo de tu fe sincera, pues tú tienes la misma fe de la que primero estuvieron llenas tu abuela Loida y tu madre, Eunice, y sé que esa fe sigue firme en ti.” 2ª Timoteo 1:5 NVI


La educación en la fe, será pues la primer tarea de los padres. El desarrollo de una personalidad equilibrada y piadosa necesitará también del auxilio de sus abuelos y parientes.

Ya en el antiguo Israel, el Señor les mandó por medio de Moisés: “Por tanto, guárdate, y guarda tu alma con diligencia, para que no te olvides de las cosas que tus ojos han visto, ni se aparten de tu corazón todos los días de tu vida; antes bien, las enseñarás a tus hijos, y a los hijos de tus hijos.” Deuteronomio 4:9

Dar cariño y ofrecer regalos es importante; pero los buenos consejos, una influencia espiritual positiva, un ejemplo de fe y virtud, le serán más útiles a nuestros nietos.

Esta niñita recién nacida no es solo un bebé más, es un alma por la cual Cristo murió, como cualquier otro que llega al mundo (perfectamente sano o no, no importa).

Y por ello tiene el derecho de que la conduzcamos a su Salvador.

Este es, según las Escrituras, el fundamento de un hogar feliz.

“Bienaventurado todo aquel que teme a Jehová,

Que anda en sus caminos.

Cuando comieres el trabajo de tus manos,

Bienaventurado serás, y te irá bien.

Tu mujer será como vid que lleva fruto a los lados de tu casa;

Tus hijos como plantas de olivo alrededor de tu mesa.

He aquí que así será bendecido el hombre

Que teme a Jehová.

Bendígate Jehová desde Sion,

Y veas el bien de Jerusalén todos los días de tu vida,

Y veas a los hijos de tus hijos.

Paz sea sobre Israel.” Salmo 128

Alabado sea el Señor por el privilegio de poder ver a los hijos de mis hijos.

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