“Mas buscad primeramente el reino de Dios y su justicia, y todas estas cosas os serán añadidas”, Mat. 6:33
El Señor habló claramente sobre la preocupación. Ésta es una tentación tanto para el rico, que se preocupa por lo que tiene, como para el pobre, que se preocupa por lo que no tiene. Es un mal que deja como consecuencia estrés. La preocupación es un problema que tiene su origen en la FALTA DE FE.
Estamos acostumbrados a concentrarnos en las circunstancias que producen la preocupación, que hemos llegado a creer que ellas son las culpables de nuestra situación. La preocupación revela la poca habilidad que tenemos para manejar espiritualmente los obstáculos y contratiempos que la vida nos presenta. Lo contrario de esta actitud es la confianza y seguridad puestas en el amor y cuidado del Padre. Cuando nos apartamos de esa confianza, nos seduce el pecado de la preocupación, porque “… todo lo que no proviene de fe, es pecado”, Rom. 14:23. Jesús seleccionó tres áreas de la vida: la comida, la bebida y el vestido.
Lo hizo para enunciar un principio general y esencial: POR NADA DEBEMOS PONERNOS ANSIOSOS, POR IMPORTANTE QUE PAREZCA. De su enseñanza obtenemos los siguientes consejos:
1- La preocupación es INNECESARIA: (v. 26), NO aporta ninguna solución; en cambio sí tiene efectos sobre la persona que la permite (daña nuestra salud).
2- La preocupación NO TIENE SENTIDO: (v. 27 – 29), ganamos muy poco por preocuparnos; sólo sirve para afectar nuestros pensamientos y limitar nuestra capacidad para encontrar soluciones adecuadas.
3- La preocupación ES FALTA DE FE: (v. 30 y 31), tendemos a considerarla una debilidad hereditaria; pero para Jesús era una pecaminosa falta de fe en Su Padre. Jesús describe al ansioso como un “hombre de poca fe”, y ésta no es una simple debilidad, ya que “sin fe es imposible agradar a Dios”, Heb. 11:6. Confianza y preocupación no pueden coexistir, son antagónicos.
4- La preocupación es MUNDANA: (v. 32), cuando nos preocupamos somos como los del mundo, que viven ansiosos buscando las cosas terrenales. Nosotros nos preocupamos por las mismas cosas que ellos.
5- La FE debe ser nuestra prioridad: (v. 33), la fe aparta a la preocupación y no le da lugar. Si confiamos no estaremos ansiosos, pero si nos preocupamos no estamos confiando.
¿Qué sentido tiene, pues, vivir angustiado por las cosas que tienen que ver con el mundo material? Recuerda: ¡La preocupación denota una falta de fe en el amor de Dios!
