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«Sumergidos en Su presencia»

“Porque el ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz”, Rom. 8:6

Para poder vivir una vida sobrenatural debemos mantenernos sumergidos en Su presencia. Pero si analizamos nuestra vida y nos ponemos a ver nuestra rutina de trabajo, nuestras deudas, las luchas diarias, ¿es esto vivir sumergidos en su presencia? ¿Por qué? Se nos olvida que como creyentes tenemos algo de mayor significado que cualquier cosa que el mundo pueda ofrecer: ¡las riquezas de la gloria de Dios en esta vida y en la futura! Si logramos comprender esto, NUNCA volveremos a ser los mismos.

La llave para vivir la vida sobrenatural es la FE. Actuar por fe es el único camino a la vida sobrenatural (Romanos 5:1 y 2; Hebreos 11:6). Todos tenemos una fe natural; es la fe que mostramos en las cosas ordinarias que hacemos. La fe natural es necesaria para vivir la vida física; pero la Biblia habla de la fe espiritual como “…la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve”, (Hebreos 11:1), la que no depende de nuestros sentidos, la que se basa en el carácter confiable de Dios.

Este tipo de fe no opera en la esfera de lo posible, ya que no hay ninguna gloria para Dios en lo que es humanamente posible. La fe comienza donde el poder del hombre termina. Aunque las circunstancias sean contrarias y nuestros sentimientos quieran llevarnos a darnos por vencidos, debemos poner nuestra fe y confianza en las promesas de Dios. Sin embargo, muchas veces nuestra fe llega sólo hasta donde podemos ver. El antílope impala africano, por ejemplo, puede saltar a más de 3 m de altura y a una distancia mayor a los 10 m. Sin embargo, si se les encierra en un zoológico tras una cerca de 1 m de altura, ¡NO SALTA! ¿Por qué? Porque el antílope no salta si no puede ver donde caerá.

El depender de sus sentidos lo priva de su libertad. Así somos nosotros también, nos limita nuestra necesidad de ver o tocar antes de creer. Además, no podemos vivir una vida abundante y eficaz, una vida sobrenatural, SIN el poder del Espíritu Santo. El Espíritu Santo es la fuente de poder. Él es quien nos capacita, nos da el poder, nos equipa, es nuestro consejero y ayudador (Romanos 8:9, 14 y Juan 16:13). Vivamos, pues, sumergidos en Su presencia por medio de la fe y la ayuda del Espíritu Santo. ¡Disfrutemos de la vida sobrenatural…en esta tierra!

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