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“Salvación mía y Dios mío”

“¿Por qué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí? Espera en Dios; porque aún he de alabarle, Salvación mía y Dios mío”, Sal. 42:5

En el Salmo 51 vemos a un David triste, deprimido, que estaba corriendo el riesgo de llegar incluso al suicidio debido al pesar tan grande que le ocasionaba el haberle fallado a Dios. En algunos de los salmos deja ver ese estado de ánimo. La depresión ha alcanzado cifras muy altas, no sólo en los Estados Unidos, sino en toda América Latina, especialmente por los problemas económicos y de inseguridad que viven nuestros países. Esa depresión está llevando a muchos a considerar el suicidio como una “solución”. Algunos de los ejemplos más claros de depresión en la Biblia los tenemos en las vidas de Elías y de Juan el Bautista:
1- Elías era un hombre de fe que retó a más de 400 profetas falsos y los degolló. Pero ese mismo día, cuando Jezabel lo andaba buscando, se escondió, lloró y le pidió a Dios que le quitara la vida (1ª Reyes 19).
2- Juan el Bautista era un tremendo predicador. Jesús mismo lo elogió diciendo que de entre los nacidos de mujer no había alguien como Juan. Nadie le hablaba a los hombres en esa época como Juan; pero, cuando éste estuvo en la cárcel, dudó de Jesús y se deprimió (Juan 1:15 – 29).

Antídotos para la depresión:
a) Clamar
: en el Salmo 42:1 David se compara con un animal. En las emergencias hay que clamar a Dios. Bartimeo clamó cuando Jesús pasaba junto a donde él mendigaba.
b) Tener un concepto bien definido de Dios: ¿Qué tan bien conocemos a Dios? La gente se quita la vida por falta de seguridad. La inseguridad viene por no tener a Jesucristo o no tener el concepto correcto de Dios en nosotros.

Recuerda: Jesús es nuestra esperanza, nuestro refugio, nuestro ayudador. Él es nuestra roca firme en quien podemos apoyarnos; es nuestro escondedero en tiempos de tormentas y adversidades. ¡Refugiémonos en Él!

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