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¿Para qué estoy en esta tierra?


“Jehová cumplirá su propósito en mí…”, Sal. 138:8

Una de las preguntas más importantes de la vida es: ¿para qué estoy aquí en la tierra? Cuando conozcamos la respuesta, nuestras decisiones serán menos complicadas, tendremos más satisfacciones y nos prepararemos para la eternidad. Para conocer esa respuesta debemos empezar con Dios; nacimos por Su voluntad y para Su propósito. Centrarnos en nosotros mismos nunca nos revelerá el propósito de nuestra vida. Vivimos tan sólo porque Él desea que lo hagamos. Fuimos creados POR Dios y PARA Dios. En Él encontramos nuestro origen, identidad, sentido, propósito, significado y destino. La vida consiste en permitir que Él nos use para SUS propósitos. Pero, ¿Cómo podemos descubrir el propósito para el que fuimos creados? Tenemos dos opciones:
1- Especular, hacer conjeturas, adivinar
2- Por revelación, considerando lo que Dios reveló en Su Palabra con respecto a la vida: encontramos nuestro propósito al tener una relación con Jesucristo; Dios pensó en nosotros mucho antes que nosotros en Él; Dios planeó nuestro propósito para la eternidad.
Nuestro nacimiento no fue un error ni una casualidad. Fuimos diseñados en la mente de Dios; Él decidió cuándo naceríamos y cuánto viviríamos. Los beneficios de vivir una vida con propósito son:
1- Conocer nuestro propósito le da sentido a la vida
: fuimos creados para tener significado; sin Dios la vida no tiene propósito y sin propósito la vida no tiene sentido.
2- Conocer nuestro propósito simplifica la vida: nuestro propósito será el patrón que usaremos para evaluar qué cosas son esenciales y cuáles no; es además el fundamento para tomar decisiones, distribuir el tiempo y usar los recursos.
3- Conocer nuestro propósito enfoca nuestra vida: nuestros esfuerzos y energía se dirigen a lo que es importante; sin un propósito cambiamos constantemente de dirección, trabajo, iglesia, etc. hagamos menos dedicándonos a hacer lo más importante.
4- Conocer nuestro propósito estimula nuestra vida: el propósito produce entusiasmo e ímpetu. El trabajo sin propósito nos consume y roba el gozo.
5- Conocer nuestro propósito nos prepara para la eternidad: el uso más sabio de nuestro tiempo consiste en edificar un legado eterno. Fuimos puestos en la tierra para prepararnos para la eternidad.
Imaginemos que Dios nos hará las siguientes preguntas decisivas: ¿Qué hiciste con mi Hijo Jesucristo? ¿Qué hiciste con lo que te entregué? La primera pregunta determinará DÓNDE pasaremos la eternidad. La segunda determinará QUÉ HARÁS en ella.

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