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Siete maneras de tener paz con Dios - Reflexiones cristianas para Mujeres

"Todavía, hoy, estamos a tiempo de resolver el problema más grande de nuestra vida: nuestro destino eterno". LA REALIDAD.

A comienzos del siglo XXI los seres humanos estamos viviendo como si Dios no existiera, orgullosos de “haber superado la idea de Dios” como si todas las cosas se hubieran hecho solas, como si no fuéramos a ser juzgados de todo lo que hacemos o dejamos de hacer. ¡Qué locura la de nuestra generación! ¡Qué suicidio el de nuestro tiempo! Porque ciertamente la ira de Dios se muestra contra toda indiferencia e ignorancia voluntaria que las personas mostramos hacia El, pues su eterno poder y la realidad de su existencia se aprecian claramente por medio de la magnífica obra de la creación del mundo y del universo, de manera que no hay excusa a nuestra actitud, porque habiendo reconocido en lo íntimo que solamente por medio de un Creador pudo ser hecho lo que está creado, nuestros razonamientos se oscurecieron al rechazar después esta verdad, la más grande de todas, y vivir razonado como si Dios no existiera, ¡Como si fuéramos un producto de la casualidad! Sin darle gracias reconociendo que la vida viene de El, sin contar con El para nada ni en las decisiones pequeñas o grandes de nuestra vida; sin adorarle como corresponde a su Majestad.

Y las tinieblas de nuestro entendimiento se hacen más espesas cuando la adoración se la damos a seres creados y no al Creador, a hombres y mujeres que se destacan en algo o por algo, ellos son nuestros dioses; A imágenes y esculturas creadas por la imaginación humana; o al dinero, a los placeres. ¡Corremos tras ellos desenfrenadamente! Y así presumiendo de sabios, demostramos que no lo somos al desechar la Fuente de toda sabiduría.

1) MÁS HONDO EN LA CAIDA

Al desechar nosotros a Dios de esta manera, El también nos dejó a la dureza de nuestro corazón, y hundimos en impurezas nuestros deseos sexuales, estando llenos de toda corrupción en las costumbres y de toda lascivia, deshonrando entre nosotros nuestros propios cuerpos, caídos en pasiones viles, haciendo usos sexuales contra naturaleza, llenos nuestros pensamientos de fornicación y adulterio. A nosotros que cambiamos la verdad de Dios por la mentira adorando a la criatura antes que al Creador, Dios nos abandonó a nuestra mente réproba, y estamos viviendo llenos de engaño, envidia, contienda, y malignidad. Siendo chismosos, maldicientes, aborrecedores de Dios, injuriosos, soberbios, vanagloriosos, desobedientes a los padres, insensatos, desleales, sin afecto natural, sin compasión.

2) EL JUSTO JUICIO DE DIOS

Con todo esto ¿Cómo no vamos a provocar la ira de Dios? El está contra toda impiedad e injusticia que cometen los seres humanos siendo la muerte, la condenación eterna, la justa sentencia de Dios para los que practican tales cosas; y ninguno de nosotros podrá escapar de ese juicio de Dios quien pagará irá, enojo, tribulación y angustia a todo ser humano que hace lo malo, ¡Y cuantas de las denuncias anteriores son ciertas en nuestra vida! Todos hemos venido a ser reos delante de Dios. Y es inútil pensar que nos servirán de algo argumentos como: "No mato", "No robo", "No hago mal a nadie". Con cosas así nos podremos justificar delante de los hombres, pero no delante de Dios, ya que es necesario para ser declarado justo delante de El, toda una vida sin mancha ni pecado, o sea, obedecer siempre perfectamente sus mandamientos, y así, delante de Dios ¡no se justificará ningún ser humano!

3) LA SALVACION OFRECIDA POR DIOS

Es triste, angustiosa, la situación en que nos encontramos si vivimos confiando en "nuestra buena conducta" algunas buenas cosas que hacemos y con las que tratamos de justificarnos; pero Dios ha hecho brillar una luz en este negro horizonte de la humanidad: Como algo aparte de nuestro comportamiento, ha dado a conocer abiertamente una salvación suya, El ha preparado por medio de Jesucristo una justicia, una perfección con la cual el ser humano cubra su miseria moral, su desnudez espiritual y pueda salvarse de la ira que vendrá. Dios va a reconocer como justos, olvidándose de los pecados cometidos, a todos los que crean en sus corazones que El resucitó a Jesucristo de los muertos y acepten y confiesen que Jesucristo es el Señor de sus vidas. A Dios le ha agradado salvar por medio de la fe en Jesucristo a todo aquel que crea, pues no hay diferencia entre ningún ser humano ya que todos pecaron y están privados de la gloria de Dios. Ahora Dios justifica, perdona y salva gratuitamente al que cree en su corazón que Cristo resucitó de los muertos por el poder de Dios, y pide con ruegos su ayuda y protección, pues el que es Señor de todos, es rico para con todos los que le invocan. No hay nada que pagarle ¡Tampoco habría con qué! La salvación a la que Dios nos invita es gratuita, El lo hace en su gracia y amor por nosotros, es un beneficio o favor que no nos merecemos, como un indulto concedido a un condenado a cadena perpetua. Pues hemos hablado al principio del estado de pecado y corrupción en que nos encontramos, quedando claro que por nuestras obras sólo nos vendrá castigo y juicio; mas Dios muestra su amor incomparable en que siendo pecadores Cristo murió por nosotros. El entendió y vio con trasparente claridad el terrible final de los seres humanos y a pesar de ser nosotros sus enemigos nos amó y se entregó para sufrir el castigo en nuestro lugar. Cristo dijo "No hay mayor amor que este: que uno ponga su vida por sus amigos" (S: Juan 15:13) ¡Y El la puso por sus enemigos:

4) LA EFICACIA DE LA MUERTE DE CRISTO

En la muerte de Cristo hay redención, hay remedio, hay refugio; El dio su vida para salvar las nuestras, pagó el justo, el Perfecto por los injustos para que nosotros nos pudiéramos vestir con su perfección; El llevó en su cuerpo la paga que merecían nuestros pecados: Su sangre derramada fue el precio por nuestro rescate.
También el sacrificio de Cristo fue aceptado por Dios como obra perfecta para nuestra salvación, ya que la justa ira de Dios que merecíamos por nuestros pecados Cristo aceptó que se descargase sobre él. Así El tomó nuestras injusticias y pagó por ellas y nos ofrece sus perfecciones para que vivamos por ellas. De esta manera la justicia de Dios no queda rebajada ya que El afirmó que la paga del pecado es muerte y Cristo accedió morir en nuestro lugar para que por medio de su muerte tengamos vida eterna los que creemos en él. Así la sangre del Justo que en ninguna manera merecía la muerte, fue derramada para salvación de todo aquel que acepta por fe este precio por su rescate.

5) NO PIERDAS LA OPORTUNIDAD

Hemos visto la ruina de la humanidad y el remedio de Dios, este remedio es Su mano tendida al ser humano para salvarlo de las arenas movedizas del pecado donde se está hundiendo; si tú, lector rechazas esta salvación tan grande te hundirás más y más hasta que ya no haya remedio. ¡Cree en el Señor Resucitado! El vive y es poderoso para ayudarte y socorrerte porque es Dios, El te conoce y te ama; no esperes a cambiar antes, ¡ven tal como estás! descárgate de tu vida pasada en pecados en la obra libertadora de su cruz recibiendo el perdón que te ofrece; oye su voz en la Biblia y síguele. Hazle Señor de tu corazón y de tu vida obedeciendo por fe Su Palabra. La promesa que Dios te hace en su Palabra si crees, es que serás un nueva criatura para vivir una nueva vida: una vida con sentido, con rumbo, con esperanza, ¡con un destino eterno y glorioso! obrando en tu vida el poder de Jesucristo resucitado por medio de la fe que en El deposites, que te llevará a conocer la voluntad de Dios y te libertará del pecado en que vives esclavo. Hallarás descanso para tu alma, alivio para tu angustia, paz para con Dios, vida eterna y motivos para gloriarte en las tribulaciones. Serás librado de la ira de Dios la cual vendrá sobre todos los que no se arrepintieron y fueron incrédulos a la Palabra y a las promesas de Dios.

6) UN MENSAJE VERDADERO

He aquí el mensaje de Dios para los hombre Y mujeres de todas las épocas, también de la nuestra; sin duda resulta duro para la vanidad y el orgullo humanos, pero lo tremendo de él es que es verdad. Si fuera un hombre quien nos señalase de esta manera nuestra condición moral podríamos negarlo y él no podría probar muchas de estas cosas, pero con Dios no podemos hacer esto, El lo ve todo por eso habla con seguridad de nuestra situación, pues conoce nuestros pensamientos más secretos, nuestros pecados más ocultos y las intenciones escondidas de nuestro corazón. En el día que El nos juzgue todas estas cosas saldrán a la luz, entonces no servirán las excusas.

Las referencias debajo de cada línea, son de la Biblia, la Palabra de Dios, si la tienes puedes comprobarlas tú mismo, sino puedes comprarla en la librería cristiana más cercana, sino conoces alguna nos puedes pedir la dirección o solicitarnos el Nuevo Testamento que es la segunda parte de ella.

7) DENTRO DE CIEN AÑOS

No tendrá importancia…- Si fuiste rico o pobre.- Si fuiste militarista o pacifista. - Si viviste en un palacio o en una choza.- Si fuiste blanco o negro.- Si viviste en el primer o tercer mundo.- Si fuiste ateo o religioso.
Pero…Habrá una gran diferencia si recibiste a Jesucristo, el Hijo de Dios, como tu Salvador personal … o si no quisiste hacerlo, si lo despreciaste.
Porque …“A todos los que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios” (San Juan 1:12)
Mas …“El que rehúsa creer en el Hijo (de Dios) no verá la VIDA, sino que la ira de Dios, está sobre él” (San Juan 3:36)
¿A qué grupo perteneces? ¿Al primero?Entonces tendrás parte en “la primera resurrección” “Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección, la muerte segunda no tiene potestad sobre ellos” (Apocalipsis 20:6)
¿O acaso perteneces al segundo grupo todavía? ¿A los que no han entregado su vida a Jesucristo? ¿A pesar de que has leído sus Palabras? Entonces sufrirás la pena de la eterna perdición, lejos de la presencia del Señor, en tormentos sin fin. (San Lucas 16:24)
Por lo tanto, lo más grande e importante que puedes hacer en esta vida es …
“Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo tú y tu casa” (Hechos 16:31)

Escrito por: Doris Rojas Mendez
Coronado, Costa Rica

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