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Reflexiones Cristianas - ¿Cómo salir del mal que me hunde?

Reflexiones Cristianas - ¿Cómo salir del mal que me hunde?

A los que desean amar más.

Todo es cuestión de darse a alguien o a algo que valga la pena. “Amar es entregarse”, dice una bella y profunda canción religiosa, y así es. El que ama es feliz aunque el amor muchas veces significa renunciar a sí mismo, y si la ofrenda es grande mayor será el sacrificio, pero producirá inmensas satisfacciones. Generalmente, una persona sufre porque se está dando a algo que no es para ella o porque no se está entregando a lo que debería darse. Por lo tanto, el mal que hunde es amar lo que no se debe amar y/o negar amor a quien se debería amar. Se sufre cuando hay falta de amor, de entrega y de capacidad de dedicarse a los demás.

¿Me estoy dando a algo que no es para mí?
Vamos a suponer que un hombre tenga problemas motores en las manos y trabaje en un taller mecánico y su labor consista en atornillar las ruedas de los carros, por más que se dedique y se entregue a su trabajo nunca se sentirá bien. No llegará a amar lo que está haciendo porque no es para él, ya que le falta destreza física para realizarlo eficientemente. Esta labor no le dará satisfacción sino sufrimiento y al sufrir no se ama. Esta persona puede decir: “este oficio no es para mí”.

O aquél que tiene una amante y no quiere que su esposa y los demás se enteren. Pongo de ejemplo al marido porque, aunque esto no es aceptable, es más común que el hombre sea infiel a la pareja, a pesar de que hoy muchas mujeres también tienen su cuento. En este caso, el amor y la dedicación se los está dando a quien no debe ser, porque esa pareja no es para él y pierde su capacidad de amar y de sacrificarse. Esa situación lo hará sufrir, pues eso de estarse escondiendo de todo el mundo como si fuera un delincuente no hace sentir bien a nadie.

Se cuenta que una línea aérea promovió un viaje de placer para ejecutivos de ciertas empresas prestigiosas. La oferta consistía en que los empresarios podían viajar gratis llevando a sus esposas, muchos aprovecharon esa oportunidad para viajar con sus amigas o amantes quienes usaron el nombre de las esposas.

Al poco tiempo la compañía de aviación ofertante mandó una comunicación por escrito a las verdaderas cónyuges dándoles las gracias por haber aceptado la invitación, y solicitándoles su opinión sobre la atención recibida. De esta forma las esposas se enteraron de que “ellas habían hecho un viaje con sus esposos”. Después de esto hubo unos cuantos divorcios. ¿Cómo se sintieron los empresarios?, ¿y las esposas?

¿No me estoy entregando a lo que me debería dedicar?
El médico es el único profesional que está preparado para aliviar el dolor físico. Algunos médicos, aunque hacen bien su trabajo y se ganan la confianza, no atienden debidamente a sus pacientes. En este caso, su profesión no les dará satisfacción porque no se están entregando como debe ser: con ética y profesionalismo.
A casi todos los que hemos sido estudiantes, tres materias nos hicieron sentir mal: matemática, física y química, y era precisamente a esas asignaturas a las que les dedicábamos menos tiempo. Podíamos entonces, preguntarnos: “¿Esas materias no son para mí o es que no les estoy dedicando el tiempo debido?”.
Es decir, cualquier persona se siente mal porque no se está dando a “eso”y/o porque “eso” no es para ella.

-¿Qué significa “eso”?
-Mi profesor de álgebra de 2° año de bachillerato me decía: ¡”Despeja eso”! Te toca a ti pues, despejarlo. Para algunos “eso” es una pareja, el trabajo, su propia salud, una relación, el mal uso del tiempo…

¿Qué es “eso” para ti?
Cuando no te dedicas a lo que debes, entonces te sentirás mal porque no te estás dando a “eso” que es tu vida. Y si no lo haces es porque te estás entregando a otra cosa que no debes entregarte, a lo que no es para ti.

Pero “eso”, ¿es malo?
No es que “eso” sea malo o bueno, ahí no está el problema. El problema es que no es para ti, o no es el momento apropiado, a lo mejor es para otros pero no para ti, o es para otra oportunidad.
La efectividad de las cosas no se debe medir por el gusto o no, sino más bien por su conveniencia para ti y para los demás. Ponerse un traje de baño no es bueno ni es malo, y presentarse en esas fachas en el velorio de un amigo tampoco es malo ni bueno… pero… no es la ocasión. Dormir hasta las diez de la mañana no es malo, hacerlo un día que tengas una reunión muy importante a primera hora tampoco es malo, pero no se disfruta el sueño porque se tiene una responsabilidad que cumplir.

Conocí una muchacha que se enamoró perdidamente de un señor casado con cuatro hijos y más de cuarenta años de edad. Ella aparentaba unos veinticinco años pero en realidad tenía diecisiete. Esta situación, por supuesto, trajo como consecuencia la inestabilidad, ruptura e incomodidad de ambas familias y ella se sentía mal por todo esto.

Cuando te sientas mal ante lo que sea, y en este caso con una relación, debes cuestionarte y preguntarte: ¿me estoy dando lo suficiente a esa relación o esa pareja no es para mí?

Pero yo me estoy “dando” –me dijo.
Sí lo sé, pero no basta darse.
-¿Es posible que a lo que me estoy dando no sea para mí?
-Sí, si es posible. Pero debes descubrirlo con una profunda sinceridad, no cuando estés mal.

Entonces, ¿cómo saber si algo no es para mí?
Una forma de es revisando con honestidad si “eso” que estás haciendo te produce mucha tranquilidad o mucha paz. Pero si “eso” te produce más malestar que bienestar es porque no es para ti.
Salir del mal que hunde es una cuestión de amor, de saber amar.

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