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Más que un Simple Libro

Un libro como la Biblia, escrito hace más 2000 años, en otros idiomas, en una cultura diferente a la nuestra, en un contexto sociopolítico completamente diferente, ¿puede considerarse como la Palabra de Dios? ¿Tiene validez para nosotros en el siglo XXI? ¿Puede modificar nuestras vidas, guiar nuestras decisiones y renovar nuestra forma de pensar? ¿Vale la pena dedicarle tiempo para leerla y pensarla? ¿Podemos creer totalmente en ella?

La Biblia es más que un simple libro: Es la voz de Dios, la revelación de sí mismo para que lo conozcas, lo busques, le creas, lo ames y tu vida sea completa en Él. Si la consideras simplemente como un libro más no producirá nada en tú vida. Tienes que verla como lo que es: Palabra de Dios, pensamientos de Dios. La expresión poderosa de la mente y del corazón del Creador.

La fe no se libera por leer la Biblia, sino por oír la Palabra (Romanos 10:17). Muchos leen la Biblia pero nunca “oyen” la voz de Dios. Porque no creen, porque no les interesa, porque tienen un espíritu cuestionador, o simplemente por descuido, o porque están apurados para “terminar”, por inconstancia, o por pecados no confesados que se interponen como muros entre ellos y Dios.

Son buenos “lectores” de la Biblia, ¡y les gusta! porque como “libro de lectura” la Biblia aporta una variedad increíble de estilos literarios (romance, aventura, misterio, traición, pasión, poderes mágicos y sobrenaturales), ¡pero sus espíritus no son movidos, su fe no se activa nunca! Si no oyes la Palabra, no creerás la Palabra.

Cuando leas tu Biblia has esta oración: “Señor, hazme oír tu voz, háblame, minístrame con tu Espíritu. Estoy abierto a tu palabra. Quiero escucharte y que tu palabra active mi fe. Declaro que la palabra que sale de tu boca no volverá vacía sino que hará en mi vida aquello que tú has decretado y establecido”.
Piénsalo.

¿Eres “un buen lector” de la Biblia o buscas escuchar a Dios?
¿Crees y declaras la Palabra para activar tu fe en el Señor?
Cuando declaras la Palabra hablas el lenguaje de Dios.
Pasaje clave: Juan 17:17.

Por Edgardo Tosoni

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