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Jesús le pide agua a la samaritana - Reflexión Cristiana

El aljibe, pozo de agua o cisterna, viene usándose desde tiempos memorables. Se trata de crear un pozo profundo en busca de una veta, vena, corriente de agua o, solamente canalizar agua de lluvia a través del pozo.

El aljibe apunta al aditamento hidráulico para sacar el precioso líquido tan importante en tierras desérticas, como son las de Palestina. El aditamento hidráulico se inventó antes del pozo de Jacob. Este invento,consistía de una palanca mecánica que sacaba el agua del pozo por presión.

Tomaba un recipiente de agua, la echaba por el orificio de un tubo, creando un vacío de baja presión y ésta por medio de la palanca extraía el agua. A principio había que girar mucho la palanca, pero después no era necesario porque el agua salía a borbotones.

[caption id="attachment_3086" align="alignright" width="240" caption="Jesús con la samaritana"][/caption]

Hablar del canto de la gracia de Jesucristo en el personaje de la samaritana, es precisamente hablar de pozos y de agua de manantiales refrescantes, de aguas profundas y de aguas de alturas, de esas que saltan para vida eterna, que vienen del cielo. Es hablar del Dios, que interviene y que busca y provoca las más hermosas conversaciones como la que sostuvo con la samaritana junto al pozo.

Aquella en la que Jesús le dice: “mujer dame de beber.” ¡Qué iniciativa mas interesante de aquella conversación, fundamento de la más dulce teología!

Dios es el que inicia todo para nuestra salvación. Así empezó todo; Dios provocando al hombre y éste, sacando por su boca lo que había de abundancia en su corazón: hostilidad, riña, prejuicio, todo aquello que destruye la conversación.
“¿Tú siendo judío me pides de beber? Nosotros los samaritanos y los judíos no tratamos. Nosotros adoramos en el monte y ustedes en el Templo de Jerusalén”.

Jesús le contesta a la samaritana: No se trata de adorar en monte o en templo sino adorar en espíritu y en verdad. Pero llega la hora, y es ahora mismo cuando verdaderos adoradores, adoraran al Padre de un modo verdadero, conforme al Espíritu de Dios.
“Dios es Espíritu y los que le adoran, en espíritu y en verdad es necesario que le adoren (Juan 14:24).

Ante las reacciones de la samaritana Jesús hace una exclamación: “Si supiera lo que Dios, da y quien es el que te está pidiendo agua, tú le pedirías a él y él te daría agua viva”.

La Samaritana le contesta: “El pozo es hondo y tú no puedes alcanzar el agua”. Es aquí que el Señor le contesta con el canto de la gracia para la samaritana y para toda la humanidad: “Porque del agua que yo le daré, nunca volverá a tener sed. Porque el agua que yo le daré se convertirá en manantial de agua que brotará para vida eterna” (Juan 4:1).

Así es la obra que Dios. Nos regala la fe, luego la despierta iniciando la obra de redención en nosotros, descubrimos que envió a Su Hijo, Jesucristo, a morir en la cruz para tomar nuestra naturaleza pecaminosa, que nos separaba de Dios y nos dio con su resurrección, vida nueva, vida eterna.
Qué importante es para el hombre, y la mujer, dar “el salto de la fe”. Es decir el entendimiento del agua que salta para viva eterna. El cántico de Jesús a la Samaritana se entendió ante el misterio de la fe, de la razón de la sin razón. Se despertó la memoria del Cristo que había de venir. Una de las funciones del paracleto, es decir del Espíritu Santo que es el de despertar conciencia a los desmemoriados.

Dios no da la fe para que la usemos y a veces no la usamos, pero aun nos despierta la memoria para que demos el Salto de la Fe, que nos conduce a nuestra realización cultivando el gozo, la libertad, el amor y la paz que Dios no da en el Canto a la Samaritana.

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